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| Título | Fecha | Puntuación | Comentarios | Autor |
| JORGE, segunda parte: Los castigos. | 06-08-08 a las 16:41:13 | 5.47 | 3 comentarios | inclui |
Mi amo Jorge fue cada vez más cicaquero con mis orgasmos. Inicialmente todo me hacía pensar que para correrme bastaría con pedirle permiso y así fue las primeras semanas. Poco a poco empezó por negarme el permiso para orgasmear. "Córrete mientras te follo", fue su explicación. Más tarde solo podía pedirle permiso una vez a la semana. "Pareces un gilipollas pedigüeño y me aburres", dijo como excusa. Me advirtió seriamente que no debía contravenir sus deseos y me hacía todos los días un interrogatorio sobre mi actividad sexual: cuantas veces se me había puesto dura, porqué y si me había masturbado. La cuestión alcanzó tintes dramáticos para mí, sobre todo si un permiso semanal era negativo. Las consignas eran cada vez más limitadoras. Llegó la orden de que no me la podía tocar. Tenía que sentarme para mear y a la hora de la ducha no me podía lavar bien, de tal forma que se acumulaba el requesón por detrás del capullo.Jorge, mi amo, cuando me usaba, una, dos o tres veces al día, según como estuviera el horno de caliente, controlaba este detalle.
Una tarde, tras quince días de abstinencia, mi señor me uso profusamente. Se la tuve que mamar, jugo con mi culo cuando salía de su habitación y mientras yo me afanaba en las tareas que me había ordenado. Se me presentó desnudo, imponente, con su falo erecto. Escuché el golpeteo de su meada sobre el inodoro. Cuando se iba otra vez para su habitación, su imagen me quedaba clavada en mi mente. Era una tortura china no poder desahogarme. En una de las ocasiones que salió de su habitación me la clavó de la forma que estaba usando con frecuencia: cogiéndome por el cuello o la cabeza y apoyándome sobre una mesa, escupia en su mano, me lubricaba y me la metía follándome largamente. En aquella ocasión faltó muy poco para que me corriera sin tocármela, pero EL eyaculó antes y mis ilusiones se fueron al garete.
Poco después, cuando mi señor se iba a dar una vuelta, usé mi derecho de ruego, para pedirle permiso para correrme. Se lo pedí como mi amo tenía estipulado que lo hiciera: postrado en genuflexión con mi rodilla derecha, con la mirada hacía sus pies. Su contestación fue un rotundo no.
EL se fue. Yo estaba sumamente excitado. No me pude aguantar y me masturbé. Me invadió una gran sensación de culpabilidad. Me prometí que nunca más violaría los deseos de mi amo y señor. Mi intención era pasar por alto el accidente cuando mi señor me hiciera el interrogatorío habitual. Aquel día aún mo me lo había hecho y probablemente si se demoraba mucho fuera, ya no me lo hiciera.
Pero mis planes se torcieron con funestos resultados para mí. Mi señor regresó en menos de una hora. Se puso a ver la tele y me mando servirle una copa. Minutos después me llamó. Vio mi polla sosegada. "¿ te has masturbado?". Mi contestación fue negativa como tenía pensado."Pues no está bien que guardes tanto tiempo tu leche", dijo con un punto, o dos, no sé, de ironía. Me ordenó que, de rodillas, delante de EL, hociqueara su paquete, se lo sacara y se lo chupara. Mi polla se endureció nuevamente. Entonces mi señor me entregó un condón. Me ordenó que me lo pusiera y que me masturbara. Me masturbé y me corrí. Mi amo tomó el condón. Lo exprimió hacía abajo y lo observó al tras luz.
"Me has mentido Edmundo", dijo con voz seria y grave. Comentó, como si hablara consigo mismo, que en dos semanas era imposible que tuviera tan poca leche. Tuve que confesar. Le pedí perdón arrodillado. EL contestó que había comitido dos faltas graves. Una haber mentido a mi amo y señor, otra haberme masturbado sin su consentimieto. El castigo que me impuso fue quince golpes con vara sobre mis nalgas por cada falta. Me dio la posibilidad de escoger el/los dias en las dos semanas siguientes y que podía fraccionar el castigo en dos veces.
Elegí fraccionar el castigo en dos veces. El primer día elegido fue al segundo día de cometer mis faltas. Mi señor apareció con una vara fina y flexible. Yo estaba con mi ropa de servicio, era por la tarde, con mi paquete y mi culo al aire. EL, desnudo, imponente, como estaba siempre que se me presentaba desnudo, con su verga erecta, avasalladora. Vi en ella un poder invencible y tuve miedo. Instintivamente me arrodillé ante mi amo y le supliqué perdón. Tomé sus tobillos y besé sus pies rogándole que me perdonara. Todos ruegos fueron inútiles. Me coloqué sobre la mesa, con mi culo en pompa y recibí mi castigo. Lloré de dolor, gemí y volví a suplicar compasión y perdón, pero estos no llegaron. Con mis nalgas doloridas, mi señor me lubricó, me penetró y me folló. Mi polla quedó baja por primera vez, durante una follada de mi amo. Aquella tarde mi señor me ordenó que me curara las heridad de mis nalgas y que recluyera en mi cuarto hasta la mañana siguiente que saliera a trabajar.
El último día que finalizaba el plazo que había impuesto mi señor para recibir mi castigo, fue el que elegí para recibirlo. Mi amo me mandó que se la mamara previamente y mi polla se puso dura. EL, desnudo y con su falo erecto, se dispuso a consumar mi castigo y lo consumó. Su verga, tras el castigo, volvió, una vez más, a taladrarme. Sus embestidas eran casi como otro varazo sobre mis nalgas doloridas. Mi polla, encogida, era claro indicador de mi dolor. Siguiendo las órdenes de mi amo, me curé y me recluí en mi habitación hasta el día siguiente que me fui a trabajar.