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| Título | Fecha | Puntuación | Comentarios | Autor |
| Haciendo mío a un macho esclavo -- primera sesión | 13-08-08 a las 18:28:33 | 5.38 | 1 comentario | CUBASTURIAS |
Siempre he considerado que la belleza masculina supera a la femenina. Recuerdo que desde niño me gustaban los cuerpos masculinos en las fotos e incluso en los dibujos. Pero recuerdo que ya desde entonces los prefería de espaldas, cuando se les notaba el culo y disfrutaba mirándolos mucho más cuando estaban desnudos y podía mirar los culos de los hombres sin estar ocultos tras la ropa. Quizás sea algo contradictorio pero a pesar que el culo ha sido lo que siempre me ha gustado más de los hombres, nunca me agradaron las plumas ni los muy jóvenes y para mí una de las cosas más excitantes es conocer a un hombre de más de 30 años con aspecto y comportamiento francamente masculino que se me transforme en un completo pasivazo en la cama. Si además sigue mis fantasías y adopta una posición de entrega, de sumiso, pues qué decir. Por eso yo creo, analizándome a mí mismo hacia atrás, que aunque hasta hace poco me interesé por las relaciones amo/esclavo ya desde temprano estaba condicionado para ello.
Empecé a curiosear sobre el tema entrando en algunas páginas gay de la web. Mirando los perfiles comencé a interesarme por aquellos que además de pasivos se declaraban sumisos y buscaban cosas digamos fuera de lo convencional. Mucho tiempo he estado, y aún estoy, buscando masocas, chateando en páginas webs y a decir verdad encontré algunos que me dejaron boquiabierto. A algunos llegué a conocerlos personalmente, a uno de ellos le podía hacer el fisting muy fácilmente y a otro por mucho que le pegaba al parecer no le bastaba y me quede asombrado de cómo era capaz de incorporar nuevos modos que usé y que eran nuevos para él. Por ejemplo nadie había usado con él una tablilla para pegarle por las nalgas, recuerdo que se lo dije por chat y al llegar esa vez a su casa tenía una cuchara de madera de esas grandes que se usan para cocinar preparada en la mesita de noche al lado de su cama. Me acordé que una de las torturas que se hacían era pegarles a los torturados en la planta de los pies y me aventuré a probar con él. Mi sorpresa fue cuando me pidió que lo repitiera y eso que le pegué con fuerza. Es increíble la capacidad mental que tienen algunos y como en estos casos el mayor goce del esclavo puede estar asociado a superar la intensidad del dolor que ya han sentido previamente.
Un día conocí a Miguel en un chat de tuamo.net, le había gustado mi perfil y enseguida me dio su dirección de hotmail y pasamos al mesenger, pudimos vernos por web cam, tenía entre unos 35 y 40 años, no era un adonis pero si hubiera que clasificarlo habría que decir que era más bien guapo. Pero lo que más me ponía era que tenía cara de todo un tío, bigote, perilla y una mirada inteligente con intención. Le dije que se pusiera de pie y se alejara de la cámara para verle su cuerpo, lo hizo de inmediato y me gustó mucho su cuerpo al que, sin para nada tener que ver con fisioculturismo, se le notaban los músculos. Tenía un cuerpo claramente masculino. Su trabajo era físico, trabajaba en la construcción, en conclusión alguien que si nos cruzamos por la calle pensamos que se trata de todo un hombrón en el sentido clásico, sin ninguna pluma que pudiera hacernos pensar en su condición de homosexual. El primer día chateamos un buen rato pero yo tenía una visita que hacer y quedamos para chatear al día siguiente. Así lo estuvimos haciendo durante unas dos o tres semanas, sabía mis horarios y al parecer trataba de estar frente a su ordenador durante el tiempo que yo acostumbraba a conectarme. Uno de esos días le dije que se pusiera de pie de nuevo para verle su cuerpo que me había gustado, lo hizo otra vez de inmediato y me sorprendió cuando noté que estaba desnudo de la cintura para abajo. Además estaba muy excitado le vi la polla, no muy grande, pero sólo la vi por un instante porque sabiendo él que yo era un enviciado a los culos se puso de espaldas a la cámara adivinándome mis deseos y al rato puso un pie sobre la silla del ordenador y se abrió sus buenas nalgas para que le viera su ojete. Eso me puso a mil y después de ese día empezamos a planear nuestro encuentro real. Con el chat ya nos íbamos conociendo mutuamente, no le gustaban los muchachos sino los maduros, que le sobrepasaran en más de 10 años a su edad. Tanto a él como a mí nos gustaban los roles muy definidos y él se autodefinía como pasivo, sumiso y con ganas de ir más allá, quería ser entrenado con esclavo y explorar algo en el ámbito sado-masoquista. Ya habíamos establecido un lenguaje diferencial de él hacía mí y de mí hacia él, le gustaba que lo insultara y lo humillara verbalmente a la vez que me trataba con un permanente respecto. Ni que decir que a mí la sola idea de poder tener a mis pies, bajo mi control, a semejante tiazo me ponía muy excitado pero tampoco quería ir demasiado de prisa a un encuentro directo sin que ambos nos conociéramos algo más el uno al otro y sin tener bien diseñado el plan de lo que iríamos a hacer en ese nuestro primer encuentro real. Él, la verdad que no ponía demasiado reparos, me decía que sabía que como esclavo su deseo debía ser complacer al amo y sus únicos límites era el scat, la sangre, el sexo inseguro y el dolor extremo, cosas en las que yo también coincidía, quizás con la única imprecisión de que no sabía yo cual era exactamente el umbral a partir del cual él o yo considerábamos que empezaba el dolor extremo.
Pues bien llegó el día en que ambos podíamos, me dio su dirección exacta y quedamos en su casa, lo llamé al móvil cuando me acercaba, unos 10 minutos antes de llegar para que estuviera preparado. Llegué, toqué desde el portal y subí por el ascensor, al llegar a su piso la puerta estaba entreabierta, sólo tuve que empujarla y entré en el recibidor, allí estaba él usando como única indumentaria unos suspensorios blancos que delimitaban y dejaban apreciar sus espléndidas nalgas y como habíamos acordado de rodillas con su mirada hacia el suelo, y a su lado vi un collar ancho de perro de cuero que le había mandado a comprar y una tira también de cuero que se podía enganchar al collar para tirar de él. Me dijo “muy buenos días, estoy muy contento de que haya venido a visitarme señor, como ve estoy a su entera disposición”, acto seguido me incliné hacia él, le cogí por el pelo fuertemente tirando para llevar sus ojos y hacerlos coincidir con los míos, en ese momento (no lo había planeado) me entraron ganas de pegarle y le estampé una hostia, él no lo esperaba pero respiró fuerte y noté que aunque algo sorprendido la asimiló perfectamente e incluso me dijo “ya veo que no me equivoqué cuando contactamos por internet, usted sabe como tratar y lo que necesita un macho maricón como yo”. Eso a mí me puso en un estado de excitación más allá de lo habitual, era como si hubiera encontrado algo raro, inusual, valioso por su escasez y que me hacía salirme de la normalidad, como si entrara en otro mundo. Me mantenía tirando de su pelo y le restregué su cara sobre mi paquete, él respondió respirando fuertemente como si quisiera atrapar todo el olor podía escaparse fuera de mis vaqueros. Después de unos instantes en que adiviné que, aunque no se atrevía por obediencia, desesperaba por mi sentir mi polla en su boca, le pregunté “quieres mi polla mariconazo?” y me respondió “si señor no hay nada que quiera más que eso ahora mismo”, entonces le dije “sácala con mucho cuidado y métela en tu boca que quiero ver cuan bueno eres chupando, así que esmérate para demostrarme que me sirves como esclavo-maricón”. Ni que decir que sí que se esmeró, su boca se transformó en algo blando y caliente, de alguna forma hacía como desaparecer sus dientes que en ningún momento tropezaron con mi polla. Comenzó suavemente pero muy rápido aumentó la intensidad del ritmo y pude sentir que era un hombre el que me la mamaba, había firmeza y nada de delicadeza o blandenguería de nenaza. En medio de la mamada y sujetándolo por el pelo le pegue dos hostias más, una por cachete. Esta vez no pareció sorprendido parecía haberlas estado esperando, solo escuché algo que pudiera parecerse a un gemido y vi como continuó chupándomela aún con mas intensidad. La situación me había puesto la polla a su nivel máximo de dureza, para contenerme al rato se la saqué de su boca inesperadamente para él, me la guardé y le dije “ponte a 4 patas que ahora te voy a convertir en perro y esclavo de mi propiedad, recoge y dame en mis manos tu collar y la cuerda”, tomé el collar, se lo puse y me deleité unos segundos con la visión de ese macho entregado a mí completamente como si fuera un ser indefenso (en realidad si él quisiera podía conmigo fácilmente), luego le puse la cuerda y tiré de ella haciéndolo caminar a 4 patas para llevarlo al salón.
Allí me senté en el sofá y le hice echarse al suelo con su cabeza entre mis zapatos, entonces le di una orden “lámelos incluyendo el borde de la suela y cuando estén limpios sácamelos y colócalos uno al lado del otro como un criado debe hacer”, viéndolo me hizo pensar que le había gustado la orden porque se esmeraba de una manera para mí inesperada, lo hacía ni rápido ni lento con una gran salivación por su parte que le facilitaba la tarea. Al terminar me los quitó y me acarició los pies con sus manos, me quitó los calcetines y me lamió los pies. Esto último no se lo había pedido pero su iniciativa me había gustado enormemente, dudé si debía reprimirle porque a un esclavo no se deben permitir iniciativas, sólo debe cumplir ordenes estrictas pero no quise exagerar, en definitiva era la primera ocasión, y si creía todo lo que me había dicho tenía experiencia como pasivo pero no había sido nunca esclavo de nadie, precisamente por eso quería serlo, no deseaba que el sexo se le convirtiera en algo rutinario y quería explorar nuevas sensaciones. Entonces lejos de reprenderlo lo estimulé diciéndole que me gustaba mucho lo que hacía y reaccionó tomándome mis pies con sus manos y juntándolos con su cara. Le di unos instantes y le dije “ya déjate de mariconadas y sigamos con el plan, tráeme una cerveza fría y ya sabes como tienes que hacerlo”, lo vi marcharse moviendo sus buenas nalgas, se notaba como es lógico que no estaba acostumbrado a caminar a 4 patas e incluso que lo avergonzaba y que lo hacía sólo en estricto cumplimiento de mi orden. Regresó como ya le había explicado días antes en el chat, se había quitado el suspensorio en la cocina, se había puesto un delantal blanco y traía una bandeja con la lata de cerveza, un vaso y un pequeño plato con unos cacahuetes, dejó la bandeja sobre la mesita de centro, tomó la lata y sirvió la mitad de la cerveza en el vaso y me preguntó “¿desea algo más mi señor?”, le respondí que no y se arrodilló en el suelo a mi izquierda, tomé un sorbo de cerveza, un segundo y entonces le pregunté “¿te apetece?” a lo cual respondió “me apetecería pero sólo si usted también lo desea”, tomé una buena cantidad y la mantuve cierto tiempo en la boca haciendo gala de mis movimientos, de un cachete para el otro como si estuviera lavándome la boca con la cerveza, sostuve su cabeza y le abrí la boca con mis manos y vacié el contenido de mi boca en la suya. Él la tragó y le pregunté si le había gustado a lo que respondió “deliciosa”, repetí la operación y esta vez no tuve que hacer nada con mis manos, él se coloco con la boca abierta hacia arriba para que yo le descargara la mezcla de cerveza y saliva. Le pregunté “¿quieres probar los cacahuetes” y respondió “como quiera mi amo”, tome un puñado de ellos y los mastiqué y le eché la masa babosa en su boca, él incluso la mantuvo un rato en su boca como disfrutando del sabor y luego la tragó, todo de forma muy evidente a sabiendas que yo estaba disfrutando las cosas que le hacía hacer. Cuando terminé la cerveza me levanté y le dije “vámonos para tu habitación” le agarre la cuerda que estaba unida al collar de perro y caminé llevándolo por la cuerda mientras él lo hacía al estilo perro.
Al llegar a la habitación, le indiqué que se pusiera a 4 patas sobre la cama, me quité toda la ropa, tomé el cinturón que tenía puesto antes y me dispuse a darle unos azotes por la nalgas, él me miraba y me di cuenta que adivinaba lo que venía, pero lejos de miedo lo que vi en su cara era que estaba encantado con lo que yo iba a hacerle, incluso comenzó a mover el culo suavemente de un lado a otro como invitándome a castigarle. Cuando ya yo con el cinto en mi mano levanté el brazo él empinó aún más el culo y agarró la almohada con ambas manos hundiendo al mismo tiempo la boca en ella. Yo internamente pensaba en pegarle con moderación dado que era la primera vez y no quería que huyera de mí después de la primera sesión pero viendo su comportamiento me ensañe y le pegué con fuerza. Él resistió estupendamente mi tanda de azotes aunque a veces se le escapaba algunos quejidos, cosa que a mí me gustaba mucho. Al rato solté el cinturón, más bien paré por mí, por cansancio y porque ya quería comerme su culo, que porque él me diera alguna señal. Su culo quedó todo entre rosa y rojo y cruzado por líneas de color rojo más intenso. Noté que la tensión muscular que tenía él hacía unos instantes disminuía, que se relajaba, y le dije que se corriera a un lado de la cama que quería acostarme. Me acosté en sentido inverso a él con mi cabeza hacia los pies de la cama, lo cogí por sus piernas y lo hice ponerse sobre mí a 4 patas con su culo directamente en mi boca y comencé a pasar mi lengua primero por sus calientes nalgas y luego me fui acercando a su ojete. Él comenzó a retorcerse, se irguió y movía algo, muy lentamente, su culo como acomodándolo a mi boca, le pasé lengua y luego empecé a chupárselo, luego le empuje por la espalda hacia delante para que su boca quedara en mi polla, entendió muy rápido y comenzó a chuparmela. Seguía mis ritmos, en la misma medida en que yo le trabajaba el culo con más fuerza o violencia él me chupaba la polla. Tanto le chupé que el ojete salió algo hacia fuera y pude sentirlo entre mis labios, incluso pude mordisquearlo un poco. Eso al parecer lo puso fuera de control y sacó por un momento mi polla de su boca para decirme “así mi amo, acaba con mi culo que estoy sintiendo algo que nunca en mi repuñetera vida he sentido antes, nunca me habían comido el culo así”. Seguimos un buen rato, ambos estábamos muy a gusto. Llegó un momento en que yo casi no podía más y le dije “vamos que ahora te toca que te folle como toda una puta, ponme el condón” y el me contestó “si señor” y se inclinó hacía la mesita de noche donde ya tenía un sobre de lubricante y un condón, me lo puso y me dijo “creo que no hará falta esto” mostrándome el lubricante, y yo le contesté “como quieras”, él vio que yo seguía acostado en la misma posición, se incorporó algo sobre sus rodillas, cogió mi polla con su mano derecha la puso directamente en su agujero, hizo un par de movimientos con sus nalgas hacia los lados y se la metió. No le costó mucho puesto que con la mamada que le había dado en la que a ratos usaba mis dedos para abrirle el culo y meter la punta de mi lengua, éste había quedado dilatado y listo para ser penetrado. Después de meterse la cabeza de mi polla se metió todo el resto de un solo golpe y quedó por un rato sentado sobre mí con mi polla en su interior. Luego comenzó a moverse lentamente subiendo y bajando y haciendo que mi polla casi saliera completa y seguidamente toda dentro de nuevo. Sentí como que me acariciaban la polla como si el tío tuviera una mano dentro que me la presionaba por debajo, el muy cabrón sabía contraer sus músculos del periné para aumentar mi placer.
Cambiamos de posición y se la metí a 4 patas, cogiendo la cuerda enganchada al collar con una mano, tiraba fuerte y hacía que él tuviera que echarse hacia atrás y a la vez levantar algo la cabeza. Lo hacía ponerse en una posición arqueada que junto a tener sus piernas separadas lo hacía lucir como un caballo salvaje por un lado y como todo un mariconazo por otro. Me di cuenta que él me miraba y se miraba a sí mismo mediante un espejo de la puerta del armario de la habitación y que su polla estaba totalmente empalmada, era evidente que estaba disfrutándolo mucho y al parecer le gustaba ver mi cara mientras me lo follaba. Le dije que no podía más y que muchas otras cosas que debería aprender como puto esclavo quedarían para una próxima vez. Me contestó jadeando “Sí, señor, como usted quiera señor, yo también estoy a punto señor”. Esto colmó la copa y no tardé mucho en correrme, caí sobre su espalda mientras vi por el espejo que sin tocarse la polla él comenzaba a correrse sólo instantes después de hacerlo yo, terminando ambos a la vez. Nos tiramos a un lado sobre la cama, por un minuto yo aún con mi polla dentro de su culo hasta que se salió sola al dejar de estar empalmada y nos quedamos así por un rato mientras le acariciaba el pelo con mis dedos, con los mismos con los que había tirado de su pelo con mucha fuerza hacía muy poco tiempo. Al rato me levanté de la cama, me duché y cuando salí del baño ya él me esperaba en la cocina, aún completamente desnudo y con el collar de perro puesto, con un café casi listo y unos chocolates y me dijo “no quería que mi señor se fuera sin tomar algo antes”.
Esto fue la primera sesión pero hubo muchas ... él sabía que yo no buscaba una relación, sabía que tenía pareja, pero me aseguró que siempre estaría a mi disposición y que siempre cuando yo pudiera haría todo lo posible para estar como mi esclavo listo esperándome en su casa para ser usado y darme plena satisfacción. Tal y como esto está contado es una fantasía, pero muchas partes las he realizado por separado. Por otro lado en su totalidad es, como se darán cuenta, perfectamente realizable.