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Mi macho esclavo – segunda sesión 13-08-08 a las 18:33:28 5.53 3 comentarios CUBASTURIAS
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Mi macho esclavo – segunda sesión

Por el usuario: CUBASTURIAS


Continuación de "Haciendo mío a un macho esclavo - primera sesión" (me tome la libertad de volver a colgar la primera parte para que les fuera más fácil, les quedará debajo de este relato)

Salí de aquella sesión contento de cómo habían acontecido las cosas pero me faltaba saber si Miguel también había quedado satisfecho. En mi manera de ver estas cosas el esclavo debe desplazar su libido hasta hacerla depender enteramente del placer que ocasiona en el amo. Sin embargo era la primera sesión y me interesaba que todo continuara hasta quedármelo como mi juguete sexual, sino el único sí uno de mis favoritos. No quería llamar de inmediato a su móvil ni tratar de contactar con él a través del correo electrónico puesto que podría sentirlo como un indicio de debilidad psíquica de su aún muy recién estrenado amo. Ese día y el siguiente no entré en el messenger y no contesté a una llamada que en sólo unas horas me hizo a mi móvil ni a otra que intentó al día siguiente. En realidad al gustarme tanto yo estaba en riesgo de transgredir ciertos límites de mi rol de amo y perder la relación. Pensé que no sólo es el esclavo quien tiene que contenerse y limitarse al espacio que le da su condición, el amo también a veces debe renunciar a hacer ciertas cosas que le apetecen para mantenerse como tal a los ojos del esclavo.

Al tercer día entré como era mi costumbre al messenger a mi hora habitual y no más abrirlo vi su nombre en la lista de mis contactos conectados. Decidí esperar a que fuera él quien iniciara el diálogo y no me defraudó, en menos de 30 segundos vi abrirse la ventana. Noté en sus primeras palabras temor a que aquella sesión fuera la primera y la única, yo lo traté como ya era habitual entre nosotros sin dejar que percibiera ninguna diferencia, le hice sentir que había quedado a gusto y advertí cierto alivio en él. En mi interior seguía extrañado como aquel tiazo con ese cuerpo podría haber quedado tan enganchado como para preocuparse por si yo decidía o no continuar viéndome con él. En fin que a pesar de su físico, psíquicamente necesitaba ser dominado, necesitaba sentirse pertenencia de otro hombre.

Las dos o tres sesiones de chat transcurrieron normalmente aunque quizás alguien que nos leyera podría notar más fluidez más confianza del uno con el otro. En menos de una semana ya concertamos una nueva cita. No puso reparos en ningún elemento del nuevo plan que le trazaba, incluía que comprara un plug de tamaño mediano o grande, expresamente no podía ser pequeño y debería esperarme en su casa esta vez vestido de camiseta y vaqueros ajustados. Sus calzoncillos deberían quedarle muy ceñidos. El resto del plan quedaba a mi libre albedrío aunque a mi entender no había que ser muy inteligente para imaginar al menos la primera parte.

Llegó el día prefijado y como la vez anterior lo llamé minutos antes de subir a su piso. Tomé el ascensor y empujé la puerta que estaba entreabierta. Miguel estaba de rodillas en el suelo con el lubricante y el plug sobre una mesita que tenía en el recibidor y me recibió con una amplia sonrisa y no pude dejar de decirle lo guapo que lucía cuando sonreía de ese modo, le dije levántate y vamos inmediatamente con el plan porque no quiero caer en la tentación de “usarte” antes de tiempo. Hice que se bajara los pantalones y noté que había seguido mis indicaciones estrictamente, llevaba un calzoncillo de una talla inferior a la que debía usar y me di cuenta que su polla se contenía a duras penas dentro, le dije que se bajara también los calzoncillos y sin mas dilaciones unté lubricante en abundancia a su culo y al plug. De casi un solo golpe se lo metí. No pudo evitar algo como un espasmo en todo su cuerpo y cierta expresión en su cara que indicaba dolor contenido. Esto fue sólo un instante porque fue seguida de inmediato por otra de sus espléndidas sonrisas. Le dije “veo que tienes mucha madera de esclavo, vas muy bien y ahora súbete el calzoncillo y el pantalón que nos vamos a la calle. El calzoncillo quedándole tan apretado ayudaba a sujetarle el plug, aunque por su forma era difícil que se le saliera. Salimos, cerró la puerta y vi en sus primeros pasos dificultad al caminar pero logró hacerla menos notable cuando dejamos el ascensor y salimos a la calle. Me burlé de él un par de veces con la intención de humillarlo, cosa que creo que aceptó de muy buen grado. Mientras caminábamos me decía que siempre se sintió un mierda y un maricón y que se sentía no merecedor de que otro hombre más seguro de sí mismo o un amo como yo lo mirase directamente a los ojos y por eso haría todo por agradarme. Se sentía según sus palabras más humillado que nunca en su vida. Le parecía que los transeúntes sabían que algo pasaba pero a la vez se sentía muy excitado y orgulloso de complacerme y agradarme. Estaba rebasando mis expectativas, era mejor de lo que yo nunca había imaginado en mis fantasías sexuales más morbosas. Le pregunté dónde podíamos encontrar bares por su barrio. Me mencionó el más cercano y le pregunté si había algún otro. Desprecié dos bares para hacerlo caminar más y entramos en un tercero. Nos sentamos, cosa que a él le costó y tuvo que hacerlo lentamente porque se le encajaba más el plug pero casi cuando estaba acomodado le obligué a levantarse e ir por un par de cañas a la barra. Sólo me miró y ni siquiera hizo algún comentario. Evidentemente era un tío inteligente y captaba todo el morbo de la situación y el rol humillante que te tocaba.

Trajo las dos cañas a la mesa donde estábamos sentados, una vez que nos dimos el primer sorbo le dije mira y escupí en mi vaso y lo cambié por el de él. Me di cuenta que no se lo esperaba por la expresión que puso pero tras un segundo sonrió y se tomó su segundo sorbo cazando el escupitajo que flotaba en el líquido. Sus obediencias tan completas me ponían cada vez más cachondo y se me ocurrió ver si llegaba a algo más con tan completa aceptación de su rol. Las cervezas estaban a algo menos de la mitad. Le dije vamos al baño pero llevaremos los vasos, se extrañó pero obedeció. Entramos en el baño y casualmente un hombre terminaba de mear en un urinario y salió. Quedamos los dos solos en el baño que no era grande, tenía dos urinarios y un water. Dejé mi cerveza sobre la mesa del lavamanos cogí la suya y con sólo mirarlo se puso en un urinario y yo en el otro. Empecé a orinar, eché el primer chorro en el urinario y seguidamente un segundo corto chorro en su vaso de cerveza que espumó algo. Esta vez si vi una mezcla de asombro y algo de asco, pero respiró y sin esperar a que le ordenara tomar un sorbo lo hizo, se sonrió nuevamente con esa sonrisa amplia que tanto me ponía y me dijo “tienes mucho morbo tío, por eso me gustas y haré todo lo que me digas, ... en realidad no tiene mal sabor”.

Salimos del baño y terminamos nuestras cañas en la mesa, ya Miguel se veía más entrenado en sentarse a la mesa con el plug metido en el culo. Luego nos levantamos, él fue a la barra pagó las cañas y salimos del bar. Caminaba ya más normalmente y se lo hice saber. Me respondió que se sentía el culo muy dilatado y resbaladizo por el lubricante que lo sentía por toda la zona. Me sonreí y me dijo “me gusta que te diviertas a mi costa, no sé hasta donde me harás llegar”. Por encima de sus vaqueros se notaba su polla intentando salir de su prisión.

Llegamos a su casa, e inmediatamente se quitó rápido toda la ropa como le había indicado mientras caminamos, me saqué la polla y comenzó a darme una mamada que podría clasificar como desesperada. Era mucho el rato que había estado empalmado, inhibido, esperando en la calle el regreso a casa. Aproveché y le estampé dos buenas hostias que sonaron bastante. Creo que las disfrutó, ya las había sentido la sesión anterior y no las recibió con sorpresa. Lo tomé del pelo y lo llevé a 4 patas a su habitación me quité la ropa, me acosté boca arriba y le hice ponerse a 4 patas sobre mí. Es algo que me gusta mucho y no me canso de hacerlo. Le saqué el plug, tomé una toallita que tenía sobre la mesita de noche y le limpié el exceso de lubricante. Cuando ya estaba en posición con sus piernas abiertas y su culo en mi cara empezó a mover el culo de lado a lado y se metió dos de sus dedos en el culo, restregándose su propia saliva por su agujero para que yo su amo lo encontrara bien jugoso y caliente, abriéndoselo con sus propios dedos para dejarme ver que estaba ansioso por que sean los de su amo los que le penetren. Miraba hacia atrás buscando mis ojos. Mientras lo hacía me dijo que quería ponerse muy puta porque sabía que eso a mí me excitaba, quería que lo usara y lo gozara plenamente. Comencé una profunda comida de culo. Miguel se abría y se movía en algo que podrían ser espasmos de placer. Ambos estábamos muy muy calientes y pocos minutos después le empuje a un lado le puse una pierna en ángulo recto con la que estaba abajo sobre la cama, me coloqué en cuclillas, me puse un condón y le metí la polla de un solo golpe. No le dolió, su esfínter estaba muy dilatado y noté como mi polla entró muy fácilmente en toda su extensión. De más está decir que no pasó mucho tiempo sin que me corriera. Habíamos pasado ya mucho tiempo ambos excitados. Miguel no se había corrido, cosa que aproveché para, luego de un par de minutos que necesito para recuperarme del estado en que quedo, decirle que nos íbamos para el baño y que se metiera en la bañera. La cerveza que me tomé había hecho su efecto y tenía ganas de orinar. Le dije que lo mearía todo y que aprovechara el acto para masturbarse y correrse. Empecé por el pecho, Miguel ya se pajeaba con ritmo, luego le meé el abdomen, la mano y su polla. Para mi asombro abrió su boca y no dejé escapar la oportunidad para mearle dentro. Al recibir la meada en la boca, su cara de asco al principio se fue transformando en gusto al final, se esforzaba por tragár y que su amo se sienta orgulloso. Su mirada era muy lujuriosa, algo tragó mientras el resto se derramaba por los lados. Mientras orinaba se ofreció a limpiar mi polla con su lengua una vez que “su amo” acabara de mear sobre él y en ese mismo momento cuando me lo decía se corrió mientras se retorcía en la bañera empapado en mi orina.

Abrí la ducha cerciorándome que el agua estuviera cálida, le pasé la ducha teléfono por todo su espléndido cuerpo, se puso de pie y me metí dentro junto con él. Le besé, me sonrió, nos enjabonamos uno al otro, nos enjuagamos, secamos y salimos de la bañera. Me fui a vestirme a su habitación donde estaba mi ropa pero él se fue en pelotas a la cocina a preparar unos cafés para los dos. Una vez vestido me senté en la mesa de la cocina y ambos disfrutamos del café y de unos chocolates mientras me decía que se asombraba de sí mismo y de lo bien que se sentía. No se imaginaba que podría sentirse tan bien con “su nuevo rol”.

Fue una sesión estupenda, mejor a la primera, lo que ya era difícil, nos íbamos conociendo algo más y con el tiempo la cosa parecía que iría a más. Entrábamos en la etapa que conociéndonos algo nos deleitábamos con los pequeños nuevos descubrimientos de uno en el otro.

3 Comentarios

Se te nota lo de cubano.

Publicado por: MAJO-MADURO, 13-08-08 a las 20:18:40
No sera buen castellano :)

Publicado por: maxigay, 14-08-08 a las 03:24:39
Muy buen relato, gracias.

Publicado por: caneable, 01-09-08 a las 19:33:00
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